A qué escuela volverán los chicos

¿Cuáles serán los principales desafíos para la educación argentina en el 2021? Las lecciones que deja el aislamiento obligatorio y su impacto en los alumnos, en sus padres y en los docentes, ¿traerán un cambio en la forma de enseñar? Esas y otras preguntas son las que especialistas y referentes de distintas OSC responden en esta producción de Tercer Sector, con la mirada puesta en el mañana y en las prioridades que urge abordar hoy.

Gentileza Revista TERCER SECTOR – Texto Laura Eiranova y Andrea Vulcano

El año 2020 quedará en la historia de la humanidad, entre otros motivos, porque habrá sido el primero en el que 1.500 millones de niños y jóvenes de todo el mundo, un 90 por ciento de la población estudiantil global, quedaron fuera del sistema educativo tradicional, según cifras de la Unesco. En un mismo momento, 185 países tomaron la medida de no presencialidad como forma de cuidado colectivo y no hubo ni guardapolvos blancos ni uniformes ni recreos ni clases, tal como las conocíamos.

La pandemia de coronavirus trastocó todos los parámetros y los alumnos y alumnas del mundo entero debieron quedarse en sus casas y resignarse a una nueva vida educativa con los padres como maestros, la computadora como aula, los chats como forma de diversión. Aunque no todos tuvieron ese privilegio.

“Nunca antes habíamos sido testigos de un trastorno educativo de tal magnitud”, resumió Audrey Azoulay, directora general de la Unesco. Un informe de Unicef Argentina consideró a las niñas, niños y adolescentes como las “víctimas ocultas del coronavirus” en un nuevo contexto que implicó “un fuerte desafío para estudiantes, docentes y familias, que debieron readecuarse a la inédita situación”.

“Repentinamente, la rutina escolar se instaló en el espacio privado de los hogares y evidenció, una vez más, las profundas desigualdades sociales y privaciones preexistentes”, señala un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) titulado “Situación de las infancias en tiempos de cuarentena”.

“Gracias al compromiso docente se ha logrado comunicación periódica con las familias, pero difícilmente continuidad educativa, en el marco de amplias brechas de desigualdad en el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, clima educativo de los hogares, condiciones del hábitat de vida e, incluso, acceso a la alimentación”, destaca el trabajo.

No hay dudas de que la realidad confirma el diagnóstico y plantea ineludibles desafíos ante los vacíos que se vieron expuestos, agravados y multiplicados por el Covid-19. Patricio Sutton, director ejecutivo de la Red Comunidades Rurales, expresa: “La pandemia nos remontó a un nivel de inequidad educativa como no se veía desde hacía un siglo. Una parte de la sociedad está empezando a percibirlo, pero, al ser la población en la Argentina mayoritariamente urbana (93 por ciento), no es una realidad que impacte en forma tan directa y cruda”.

Hacia el cambio

Tarde o temprano, con sistema presencial o mixto, el regreso a las aulas es imperativo. “Sabemos que se va a regresar a una escuela diferente”, sintetiza Cora Steinberg desde Unicef. Así lo confirmaron las experiencias acotadas de actividades presenciales que comenzaron a ser activadas bajo diferentes formatos en algunas provincias.

Todos los actores de la comunidad educativa, a lo largo y ancho del país, coinciden en que la reanudación de las clases presenciales constituye un desafío crucial de cara al 2021. Sin embargo, el propio ministro de Educación, Nicolás Trotta, puso en duda que eso pueda darse de manera completa, al menos en el inicio del próximo ciclo lectivo: “El ciento por ciento de los chicos y chicas, el mismo día y al mismo tiempo en el aula, sólo será posible cuando haya una vacuna aplicada a un porcentaje de la población que así lo permita. Para marzo, nuestra expectativa es que, con protocolos, pueda haber muchísima más presencialidad de la que tenemos hoy”, sostuvo en recientes declaraciones periodísticas.

Es que, hasta el momento, ni los más optimistas pronósticos vislumbran para ese momento un horizonte exento de coronavirus. “Mientras el virus continúe circulando entre nosotros, es muy probable que no se pueda restablecer la apertura plena de las escuelas. Por lo tanto, en primer lugar, es clave seguir fortaleciendo a estudiantes y docentes en el uso de las tecnologías para la continuidad educativa”, plantea Alejandra Cardini, directora del programa de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

En este sentido, continúa: “Claramente, la distribución de equipamiento a los hogares que no cuentan con computadoras tiene que ser una prioridad. El Gobierno Nacional avanzó en este sentido y anunció que en lo que va del año entregó más de 100 mil netbooks y tablets. Si bien representa un esfuerzo enorme, sólo alcanzan a aproximadamente el 1 por ciento de los más de 11 millones de estudiantes de inicial, primaria y secundaria del país. Otra política fundamental es diseñar soluciones que mejoren la conectividad”.

Desde el Observatorio Argentinos por la Educación pronostican que “para los alumnos, representará un desafío reincorporarse a las aulas con todo lo que eso conlleva”, entre otros aspectos, “su concentración, las exigencias en los contenidos y evaluaciones, la relación con sus pares y, sobre todo, reforzar los contenidos del año lectivo 2020 que cursaron de manera virtual”.

“Esto último, también implica un doble esfuerzo para los docentes que deberán saldar contenidos del año anterior para poder avanzar sobre los nuevos. Además, deben estar preparados para acompañarlos en este proceso, tanto en lo emocional como en las condiciones sanitarias que se necesitarán, para recibir adecuadamente a los estudiantes”, señalan.

El informe La educación de los argentinos en clave de recursos y estructuras de oportunidades (UCA, 2020) subraya, como uno de los principales desafíos de la política pública en materia de educación, el de garantizar ese derecho efectivo bajo tres principios: acceso, permanencia y egreso.

Por eso, es necesario repensar un sistema, una escuela y una comunidad docente que ofrezca nuevas formas de enseñar, aprender y evaluar; una cultura material variada y rica; la incorporación de la acción tutorial como parte de la docencia, a fin de educar lo emocional, y el acompañamiento de trayectorias educativas diversas, de la mano del reconocimiento de trayectorias profesionales diversas de docentes y directivos, en palabras de Gabriela Azar, directora del Departamento de Educación de la UCA.

En diálogo con Tercer Sector, Francisco Rodríguez, del Programa Derechos Sociales de la Niñez, de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (Acij), visualiza “que será importante la posibilidad de garantizar una continuidad educativa durante el transcurso de la pandemia y la vuelta gradual a las clases presenciales, que dependen en buena medida del acceso a conectividad”.

El Presupuesto 2021 prevé un aumento del 187,16 por ciento (en valores reales) del Plan Federal Juana Manso, que planea distribuir 546.600 computadoras durante el año entrante. “Esto es un avance respecto de lo que se entregó en 2019 y lo que se planeó entregar este año, que sólo fue de 25.851 dispositivos”, puntualiza Rodríguez.

Sin embargo, el especialista cita un estudio de la Fundación Voz, que asegura que la falta de acceso alcanzaría a más de 3 millones de niñas, niños y adolescentes: “Todavía existe una gran cantidad de estudiantes que verá obstáculos importantes en su derecho a la educación; por eso, es importante una mayor inversión estatal en este sentido”, resalta.

Ansias por reconectar

La suspensión de clases fue, en principio, una noticia caída del cielo, impensada, para la mayoría de los estudiantes del mundo. Sin embargo, con el aislamiento y la ruptura de las rutinas habituales, la añoranza, con su impacto psicológico y emocional, comenzó a aflorar.

Un estudio que hicieron en conjunto Unicef y Google tuvo un resultado contundente: el 72 por ciento señaló que quería volver a clases. “Hay mucha coincidencia, en chicos y chicas, a la hora de decir que quieren volver a clases presenciales. Hasta los más remolones expresan la importancia de volver”, opinó Cora Steinberg, especialista en educación de Unicef Argentina.

La modalidad remota no reemplaza a todo lo que se juega en la escuela ni tampoco a la tarea pedagógica presencial y muchos opinan que las pérdidas son graves y las consecuencias se verán con el tiempo. “La desconexión con la escolaridad, para quienes no estaban preparados ni tecnológica ni emocionalmente, y dentro de entornos vulnerables, es una gran pérdida, así como lo son las pérdidas de sociabilidad con los pares y de aprendizajes pedagógicos, que terminan agravando la desigualdad educativa” opina, en diálogo con Tercer Sector, Marcelo Miniati, director ejecutivo de la Fundación Cimientos.

Al comienzo de la cuarentena, esta ONG hizo un relevamiento entre más de 2.000 alumnos que específicamente referían necesitar de acompañamiento para poder enfrentar los desafíos que asomaban. Así como hasta antes de la pandemia, el talón de Aquiles de la educación secundaria era la permanencia y la terminalidad, ahora, también, lo es el acceso. “Es una consecuencia adicional que la crisis económica está generando entre los jóvenes que no tenían conectividad y además se vieron forzados a salir a trabajar”, lamenta Miniati, quien intuye niveles de abandono superiores en entornos vulnerables.