Primero las personas, después las cosas

Nacimos desnudos y sin nada, y nos vamos casi desnudos y sin nada. Lo que permanecerá será el amor que hayamos tenido y demostrado. Pero qué dificil no apegarse a las cosas.

Por Ernesto Restelli

En el tiempo que transcurre entre el nacimiento y la muerte usamos cosas, muchas cosas. Los primeros alimentos, vestidos, juguetes y vivienda nos los proveen nuestros familiares, sin consultarnos. A los pocos años se amplía el listado de bienes materiales ya con nuestra elección: ropa, elementos para la educación y el deporte, la bicicleta… Y así sucesivamente mientras crecemos.

A una persona adulta le llevaría bastante tiempo confeccionar un listado de los objetos que posee y usa como propios. Porque habría que incluir desde el cepillo de dientes y el reloj, hasta la casa y el automóvil, pasando por las prendas de vestir y el celular. Quien más quien menos, se llevaría una sorpresa por la cantidad de cosas que tiene.

Parece sabio valorar más a las personas que a las cosas para lograr un mundo mejor. Quizá en el ambiente en que te desenvuelves podrías influir para un cambio de actitud

Por otra parte, se podría confeccionar otra lista de las cosas que uno desearía tener, que seguramente sería más extensa, porque… las ansias de tener están en el corazón de todos los seres humanos ¿o no?


De ninguna manera se podría decir que esto es malo, aunque se convierten en algo nocivo si los consideramos más importantes que las personas: familiares, amigos, aquellos con quienes compartimos el trabajo, o tambien simples conocidos. Y ni qué hablar cuando la búsqueda de esos bienes es causa de ofensas a los demás, y a las leyes – humanas o divinas -.

Algunos jóvenes ponen como prioridad el consolidarse en el trabajo, comprar una vivienda y un auto antes de tener descendencia. Tal vez no se han percatado que esto último dará mayor sentido a su paso por el mundo que lo primero. Muchas familias se enfrentan por la división de bienes y terminan peleados entre hermanos. Muchos amigos se distancian por cuestiones económicas. Otros tantos son encarcelados por robar cosas o dinero. A veces los niños mismos crean situaciones de enfrentamiento con hermanos o amiguitos por la posesión de un juguete. Los humanos elegimos a veces los objetos materiales frente a la posibilidad de mantener una relación cordial con las personas.

Madres jóvenes que dedican excesivas horas a un trabajo para obtener dinero que permitirá obtener bienes y servicios, pero reduciendo el tiempo de presencia con los hijitos en sus primeros años de vida, cuando más la necesitan como soporte afectivo y educativo. Tiempos irrecuperables.

A veces los padres se encuentran absorbidos por ganar dinero para no quedarse atrás y poder cambiar el auto o hacer un viaje, o mantener un determinado status económico. Pero descuidan la familia. Tiempos irrecuperables.

La historia de la humanidad nos muestra que se valoran más las cosas que a las personas, y que por detrás está el dinero que permite acceder a esos bienes. Pero ineludiblemente, llega el día en que hay que abandonar las cosas que poseemos y el deseo de aquellas que queremos poseer. Lo que permanecerá será el amor que hayamos tenido y demostrado con hechos hacia las personas. Eso no muere.

Parece sabio valorar más a las personas que a las cosas para lograr un mundo mejor. Quizá en el ambiente en que te desenvuelves podrías influir para un cambio de actitud. Básicamente consistiría en preguntarte ¿en esta situación estoy privilegiando a la persona o estoy dando prioridad a las cosas?