¿Qué tan larga es la vida?

Acaba de finalizar un año. Podríamos preguntarnos si fué un año más, o un año menos. Pregunta con relación directa a la fugacidad de la vida. Porque tenemos ‘fecha de vencimento’, la temida muerte. Nos parece que la actividad  y  las cosas que poseemos son permanentes. Cuesta relacionarlas con la finitud, con el inevitable paso del tiempo.  Actuamos como si fuéramos a vivir para siempre.

Si tomáramos conciencia de que todo pasa rápido, encararíamos los sucesos de la vida con mas serenidad y  quizá nos reiríamos de la supuesta importancia de nuestros asuntos. 

Pero no es fácil lograr vivir siendo consciente de la caducidad de las cosas. La catarata de propuestas de la sociedad de consumo, el bienestar y el éxito nos distraen de esa realidad. Recibimos datos que nos proveen los medios de comunicación, noticias llamativas, y nos encontramos hablando de esos temas como si fueran determinantes.

Si tomáramos conciencia de que todo pasa rápido, encararíamos los sucesos de la vida con mas serenidad

¿Cuánto debería afectar mi  vida el cambio de un ministro, el resultado de un partido, el valor del dólar, un terremoto en otro país? Incorporamos esos sucesos como si  fueran de relevancia, pero sin analizarlos. Mientras tanto el tiempo pasa.

Los 2 de noviembre se conmemora el día de todos los muertos, pero nunca se habla de nuestra propia muerte: un tema fundamental de la vida. Parece de mal gusto, o que asusta. No vende. Entre las pocas las certezas de que disponemos, sabemos que nacimos, hemos vivido varios años con aciertos y errores, hoy estás vivo, pero en algún momento tu corazón dará un último latido. Y alguien dirá: que increíble … si ayer estuve con él … qué duro, ¿no?.

No nos dejemos engañar, tarde o temprano llega para todos. Se comprueba experimentalmente que el Creador nos regala un tiempo determinado para vivir en esta tierra. En nuestro país muere una persona cada dos minutos aproximadamente, y un día esa persona seremos vos o yo. No sabemos si falta poco o mucho, si será durmiendo o despiertos, con o sin sufrimiento, en casa o en la calle. Pero  vamos a  partir, pasaremos a la “habitación de al lado”, abriremos una puerta y nos encontraremos en otra vida. Con la posibilidad de lograr la felicidad plena y eterna.

Porque existe vida eterna. Vale la pena repetirlo, existe vida eterna.  No tendría sentido que  el Creador nos haya llamado a la existencia con ansias de felicidad plena grabada en nuestro corazón, para luego tener que volver a la nada. El hombre está llamado a ser feliz eternamente, no solo en alma, tambien en cuerpo. Lo deseamos, no solo una felicidad espiritual, sino también física. Las religiones cristiana y judía enseñan la resurrección de cada persona al final de los tiempos ¿Hacia allí vamos? No te lo pierdas.

Al no saber cuántos años son, no perdamos tiempo. Propongámonos de una vez hacer el bien. Amar a los demás (incluso a los que no me simpaticen).  Conviene repasar los mandamientos y vivir de tal manera de hacerse acreedor a ser feliz, como lo reclama nuestra naturaleza.  Es lo que se dice “salvarse”.  Si no «me salvo», mi vida no tiene sentido. Aunque haya sido rico, poderoso y famoso.

Por instinto nos dá miedo atravesar la muerte. Y nadie volvió para contarnos qué hay del otro lado. Preferimos quedarnos del lado conocido. Pero es mejor – y es inevitable – ir hacia la felicidad plena después de esta breve vida.

Por Ernesto Restelli