Una vida en el ferrocarril (parte 2)

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“Mi nombre es José Eduardo Albarenga, operador de Máquina de Control de Vías de la ciudad de Concordia”. Esta máquina es un vehículo que circula sobre rieles, con motor propio y tres carros en donde se trasladan todas las herramientas, y sirve para que “los controladores realicen un gráfico con todos los «males» que tiene la vía. El gráfico se presenta al inspector, que es el encargado de coordinar los trabajos de mejora”.

Se inició como operador de mecánica general de Vía y Obra. A partir de allí, con esfuerzo y estudio, llego a ser «oficial de primera, escala 24, la mayor que teníamos en el taller» Y de allí – al generarse una vacante – pasó a ser el operador de la Máquina de Control de Vías.

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Eduardo conducía la máquina a veces en trayectos de setecientos o mil kilómetros, desde Buenos Aires hasta Posadas o Corrientes. De tanta distancia acumulada en la memoria, los ferroviarios jubilados parecen cargar con la añoranza de volver a sentirse flotando sobre los rieles. “Al estar arriba de un tren en movimiento es emocionante ver cómo se desliza por las vías”, dice sin dudarlo. Todo mi trabajo “lo hice con muchas ganas, en la máquina que me tocó manejar…no todos tienen la suerte de manejarla”. Y a continuación reflexiona: «el trabajo es una cosa fundamental en la vida de cada persona, uno se va organizando, va aprendiendo a conocer y querer a su familia y al país».

Albarenga – afectado a la Estación Concordia Central – se crió en los tiempos que las familias se refrescaban sobre la orilla del Yuquerí, viendo volver a los trabajadores del frigorífico sobre el puente negro. “Le ponían tablas al puente del tren para que los empleados pasen con las bicicletas” de un lado al otro del arroyo.

El Frigorifico, fundado en 1923 – que tuvo como primer presidente a Benito Legerén – llegó a tener 3000 empleados y faenar 1200 animales por día. Fue visitado por Juan Domingo Perón y Evita, que solían trasladarse en el tren presidencial. «A los 8 años los saludé a ambos personalmente, estabamos todos los niños formados en fila», recuerda Eduardo.

Consultado sobre por qué no vuelven los trenes de pasajeros, considera que todavía hay muchos coches en servicio y otros que se pueden restaurar. “Están guardados, solo falta la orden. La responsabilidad es de los políticos de turno”.

«Los últimos años de trabajo, haciendo un relevamiento en las vías de Formosa, una señora me consultó qué estabamos por hacer, y me contó´yo he dejado de ver a todos mis parientes porque ya no hay tren, y como estamos en zona de monte los colectivos tampoco entran, nadie se acuerda de nosotros´. Yo le dije ´señora, posiblemente tenga la suerte de volver a tener un tren de pasajeros». Pero no…, yo solo la dejé con esas palabras…hasta el dia de hoy no tienen ningún tren.»

La Estacion Concordia Central – nodo de ramales regionales e internacionales – fue inaugurada por el presidente Domingo Faustino Sarmiento en persona, acompañado por los ministros Velez Sarsfield y Dardo Rocha, en 1874.

Aunque no los veamos están entre nosotros, son muchos los ferroviarios de Concordia que mantienen viva la pasión y el recuerdo de la historia pujante de la ciudad. Y también la esperanza de una nueva época dorada, cuando los gobernantes de turno se decidan a implementar políticas de estado, aunque no sean para su beneficio electoral.

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Eduardo Albarenga

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